Un estudio prospectivo publicado en The Lancet Global Health, aporta nuevos datos sobre la relación entre la malaria y la COVID-19 en poblaciones con malaria endémica, donde la coinfección por malaria sin complicaciones no tuvo un efecto significativo en la gravedad de la COVID-19 ni en el desenlace general. Los datos, sin embargo, respaldan una interesante teoría sobre el mecanismo subyacente que media la interacción inmunológica entre la malaria y la COVID-19. Los resultados indican que la evidencia serológica de exposición previa a la malaria era un fuerte indicador del desenlace de la enfermedad: las personas coinfectadas con Plasmodium falciparum y SARS-CoV-2 que poseían exposición previa a la malaria resolvieron los síntomas de COVID-19 más rápido que aquellas sin exposición previa. Una observación coincidente con un estudio en Ghana, donde las personas con un mayor historial de exposición previa a P. falciparum tenían una probabilidad significativamente superior de ser asintomáticas al infectarse con SARS-CoV-2. Lo cual parece deberse a una respuesta inmunitaria innata mejor regulada, caracterizada por una baja inducción de citocinas proinflamatorias. Así, esta inmunidad innata “entrenada”, resultante de la exposición repetida a P. falciparum, podría atenuar la inducción de la tormenta de citocinas, confiriendo protección contra síntomas graves en personas con infección por SARS-CoV-2 residentes en zonas endémicas de malaria.
Los análisis de ARN de células individuales demostraron además que la tolerancia inmunitaria asociada a P. falciparum se debía a una respuesta reducida de los monocitos, en función de una menor expresión de los genes estimulados por interferón. La memoria inmunitaria innata inducida por la malaria también tiene que ver con modificaciones epigenéticas, las cuales confieren protección colateral contra los síntomas graves de otros patógenos proinflamatorios (incluido SARS-CoV-2), al atenuar la producción de citocinas. En conjunto, esta evidencia sugiere una hipótesis unificadora que podría explicar la menor mortalidad asociada a la COVID-19 de lo esperado en el África subsahariana, donde la malaria es generalmente endémica. La inmunidad natural al paludismo se desarrolla tras infecciones repetidas del parásito y consta de dos componentes: inmunidad antiparasitaria e inmunidad clínica. Esta última se traduce en una tolerancia al estímulo inflamatorio, vía una regulación epigenética.
Referencias
Barsosio HC, et al. Uncomplicated malaria as a risk factor for COVID-19 duration and severity in western Kenya and Burkina Faso (MALCOV): a prospective cohort study. Lancet Glob Health 2026; 14: e793–805.
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Awandare GA, Morang’a CM. The fascinating malaria-COVID-19 relationship. Lancet Glob Health. 2026 May;14(5):e677-e678. doi: 10.1016/S2214-109X(26)00051-3