A pesar de la alta eficacia de las vacunas anti-SARS-CoV-2, la reticencia hacia ellas persistió en algunas poblaciones de Inglaterra. A partir de ello, un grupo de investigadores del Imperial College de Londres analizó los factores que impulsan la reticencia a la vacuna, a la par de caracterizar sus determinantes/subtipos e identificar las formas más persistentes de reticencia en una cohorte con datos vinculados del Servicio Nacional de Salud (NHS).

El estudio partió de un análisis transversal inicial sobre reticencia, seguido de otro longitudinal respecto de la aceptación de la vacuna entre los reticentes. Analizaron datos de encuestas sobre Evaluación en Tiempo Real de la Transmisión Comunitaria, que monitoreaban la prevalencia del SARS-CoV-2 en ese país a intervalos regulares desde el 01/05/2020 hasta el 31/03/2022, a partir de muestras aleatorias. Los participantes autorreportaron información sociodemográfica, su estado de vacunación y sus actitudes hacia la misma. Los considerados reticentes fueron aquellos que se habían negado, planeaban negarse o aún no habían decidido recibir la vacuna. El resultado principal del análisis transversal fue la reticencia, en tanto que para el estudio longitudinal tuvo que ver con la aceptación de la vacuna en la cohorte de reticentes rastreando su historial de vacunación tras la encuesta.

El análisis incluyó a 1.137.927 adultos (≥ 18 años) encuestados entre el 06/01/2021 y el 31/03/2022. Durante todo el período del estudio, 37.982 (3.3 %) participantes reportaron algún tipo de reticencia a la vacuna. Las tasas de reticencia alcanzaron un máximo del 8 % a principios de 2021, disminuyendo a un 1.1 % a principios de 2022 y aumentando al 2.2 % en los primeros meses de ese año. De los 24.229 participantes reticentes que dieron su consentimiento para la vinculación de datos del NHS, 15.744 (65 %) recibieron una o más dosis de vacunas. El análisis por conglomerados identificó ocho categorías firmes de reticencia, incluyendo la preocupación por la eficacia y los efectos secundarios, la percepción de bajo riesgo de COVID-19, la desconfianza hacia los fabricantes de vacunas, el miedo a las mismas y sus reacciones adversas. Las categorías de reticencia más prevalentes, relacionadas con la eficacia y las preocupaciones sanitarias, disminuyeron sustancialmente durante el período de implementación. Algunas formas de reticencia, principalmente relacionadas con la baja confianza, percepción del riesgo y el sentimiento antivacunas, fueron más persistentes, repuntando en 2022 y vinculadas con una menor probabilidad de vacunación posterior.

La mayor parte de la reticencia a la vacuna anti-COVID-19 surge de preocupaciones concretas que podrían abordarse y superarse con una mayor disponibilidad de información.

Referencia

Whitaker M, et al. Profiling vaccine attitudes and subsequent uptake in 1·1 million people in England: a nationwide cohort study. Lancet 2026 Jan 24;407(10526):350-362. doi: 10.1016/S0140-6736(25)01912-9